
No es la mejor película en la historia del cine mexicano, ciertamente tampoco tiene las mejores actuaciones ni un guión lleno de temas polémicos o vueltas de tuerca... La realidad es que El Estudiante es una historia sencilla y lineal pero sumamente conmovedora. Para algunos la importancia de esta película radica en el regreso de Jorge Lavat a la pantalla grande. Es cierto que es algo para reconocer, pero no creo que sea lo que ha mantenido a esta película en cartelera por casi tres meses.
El fenómeno "El Estudiante" se debe al ya conocido "de boca en boca". Yo asistí a ver la película en su semana de estreno debido a que temía que no durara más en cartelera, temor que de alguna forma se confirmó la siguiente semana cuando sus horarios se redujeron a la mitad. Así que mandé a todos mis amigos y familiares a verla antes de que "la quitaran".
¿Por qué lo hice? Porque sinceramente me pareció una película distinta a las que generalmente se producen en México. Debo reconocer que no soy muy afín al cine mexicano. Hay películas que me gustan mucho, pero siento --desde mi muy personal punto de vista y sin afán de juzgar o menospreciar el trabajo de nadie-- que desde el resurgimiento de las producciones mexicanas sólo se han desarrollado principalmente dos tipos de historias: las extremadamente dramáticas dentro de las cuales se hace denuncia a temas actuales que reflejan la vida del mexicano o las comedias muy zonzas que pretenden "hacer olvidar al espectador la cruda realidad en la que vive". También se han producido películas de terror y algunas de acción, pero no han tenido tanto éxito. En pocas palabras, pan con lo mismo, salvo sus muy honrosas excepciones.
¿Qué sucede entonces con El Estudiante? Pues que no entra en ninguna de estas categorías. Ni denuncia nada, ni critica nada, ni hay matones, ni chistes malos, ni personajes "cómicos"... Cuenta con una banda sonora maravillosa y con una fotografía sublime; la dirección es buena y las actuaciones cumplen --algunos de estos chicos van a llegar lejos, sólo tienen que trabajar un poco más--. Todo esto en conjunto hace que el espectador se emocione de verdad y haga suya la historia... creo que ese es uno de los objetivos de hacer cine.
Cuando el público sale de la sala se siente satisfecho porque su tiempo y su dinero fueron bien invertidos en una película que los entretuvo, los hizo sentir y les dejó un mensaje muy claro. A esto se reduce el ver una película: la inversión que uno hace. Si sales satisfecho recomiendas a tus cercanos que inviertan en ella pues estás seguro que saldrán ganando. De boca en boca.
Espero de verdad que el cine mexicano continúe dándonos buenas películas. El talento ahí está, eso me queda clarísimo. Tenemos directores que han sido reconocidos internacionalmente, fotógrafos extraordinarios, actores de primer nivel y mucha creatividad, además todos los jóvenes promesa que ya están trabajando para destacar en este medio tan complejo.
Espero que sea sólo cuestión de tiempo para que el esfuerzo de todos los que trabajan en esta industria dé cada vez mejores resultados, algunos ya los hemos disfrutado.